Ni lo perfecto aguanta

Mi papá decía que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y conste que no era conformista.

Las únicas cosas perfectas en este mundo son las inmutables. Estáticas. Rígidas. Llenaron todas las necesidades de un momento determinado y allí se quedaron. Aparcadas sin cambiar. Eso no sirve para vivir porque lo vivo cambia. Es su esencia.

Además de ese dicho de mi papá, me gusta el de Roy H. Williams: todo lo que vale la pena hacerse, vale la pena hacerse mal. Porque lo “malo” es relativo y lo perfecto sólo sirve para un rato.

Sin importancia

El niño tiene partido y está nervioso. Es primera vez que juega con este equipo. Le pregunto qué lo tiene preocupado y dice que no sabe si va a jugar bien.

Las preocupaciones de cada uno no son livianas, por mucho que lo parezcan desde fuera. Sobre todo con el paso del tiempo, uno no entiende cómo se atormentaba por cosas del colegio. Cuando lo de adulto parece mucho más trascendental. Pero se nos olvida que, en su momento, todo eso pesaba y mucho.

Le trato de decir al niño que piense que no es realmente importante, aunque le ponga interés. Es algo que no entiende del todo ahora, pero que espero lo adquiera, más pronto que tarde. La vida es más feliz sin tanta preocupación adicional.

Cambiar

Hoy me desperté a las 11am. Eso es tan extraño como la lluvia en el desierto. Siento que perdí medio día de mi vida. Pero valió la pena.

Las rutinas son maravillosas para la estabilidad. Pero no siempre aumentan la felicidad. Es bueno salirse de vez en cuando de lo que siempre hacemos.

Me cuesta muchísimo hacer pausas en lo normal. Es una belleza saber qué viene después. Pero hoy que la rompí, me siento renovada.

No me gusta lo que digo

Tengo tantos recuerdos lindos de mi madre, que detesto que sólo la escucho cuando digo cosas crueles. Heredé su tino para abrir heridas con pocas palabras. Hubiera preferido tener su habilidad para escribir bonito. Cómo es eso que me brota tan fácil lo que peor me caía…

Las relaciones entre hijos y padres sólo son complicadas porque uno de papá tiene la obligación de formarlos y la responsabilidad de dejarlos ser ellos mismos. Esa línea me es tan difícil caminarla… Quisiera decir que no quiero controlarlos, mentira. Quiero que hagan las cosas mejor que yo y que me hagan caso y que sean felices. Lo de en medio es lo que lo jode todo.

Amo a mi mamá. Y siempre supe que ella me amaba con todo lo que era. No quiero ser cruel, por mucho que sea desde el amor. Creo que es la posición más perversa en el cariño porque se justifican cosas que no deberían ser válidas. No siempre me gusta lo que sale de mi boca. Espero poder compensarlo con otras cosas.

Garbanzos

Yo cocino todos los días. Generalmente lo que me gusta. Hoy hice garbanzos, aunque no sean favoritos aquí. Es un poco al revés de lo que pasa con otras personas, que prefieren hacer cosas que no les gustan para agradar a los demás. Creo que eso no siempre funciona.

Siempre hay que encontrar un punto de coincidencia entre dos personas. Comenzando con que todos tenemos nuestra propia forma de ver la vida y nunca la podemos compartir del todo. La balanza no siempre está pareja, pero uno tiene expectativas razonables de que tienda a estarlo. No se puede vivir inclinado siempre.

Por eso hago los garbanzos que me gustan y que los demás se comen. Y trato de cocinar cosas que nos gusten a todos. Aunque en esta casa no hay riesgo que despidan a la cocinera, tampoco se vale abusar.

Batallas musicales

El adolescente está manejando. A parte del estrés que eso supone a mis nervios, tenemos serias discusiones acerca de algo vital: la música. Durante toda su vida, la que ha decidido qué escuchar soy yo. Esa hegemonía está siendo erosionada. Y me gusta.

Los padres no compartimos la vida diaria con nuestros hijos. Por lo menos no cuando ya pueden elegir qué ver, escuchar, con quién salir… estamos en el fondo de la película. Además, ellos ya saben qué nos gusta. Los que tenemos qué hacer el esfuerzo por enterarnos de sus gustos, somos nosotros.

Con la música me cuesta un poco. Sobre todo porque no comparto el amor por el hip hop que tienen en casa. Pero le hago ganas. Así como me aguanto que cambie mi asiento para manejar y que me recomiende películas y que crezca. Es lo que toca.

Reglamentos

No se puede jugar ningún deporte sin saberse las reglas. Que no es necesariamente lo mismo que seguirlas. Es más, sólo se pueden romper de forma exitosa cuando se las conocen a profundidad.

Yuval Harari dice que las personas son más felices cuando viven satisfechas dentro de su marco social. En la Edad Media, por ejemplo, alguien del gremio de zapateros era más feliz si no quería moverse de allí. Pero los seres humanos rara vez somos conformistas. Y también por eso no somos siempre felices.

Creo que no puedo vivir sin empujar los límites. Pero los conozco bien. Sólo así se pueden medir las consecuencias de no conformarse.

Un libro nuevo

Tengo una fila de libros sin leer y ayer tomé uno al azar que me tiene fascinada. Tiene un estilo nuevo para mí, que ya lo hace interesante de por sí. Y trata de escritores y libros.

Siempre me he perdido en la literatura, tuve la suerte de crecer en una época extinta de televisión nacional aburrida. Leer era un entretenimiento mejor que casi cualquier programa.

Confieso que he perdido un poco el hábito. Hasta yo caigo en el vacío del entretenimiento constante. Pero, de vez en cuando, me atrapa un libro. Y por eso siempre tengo en cola uno nuevo.

¿Qué te gusta?

Dar regalos bien pensados es una de mis especialidades. Compenso presupuesto limitado con detalle. Encontrar exactamente lo que le gusta al otro es un placer para mí. Pero no siempre es intuitivo.

Para saber qué le gusta a alguien hay dos caminos: fijarse con una atención de araña en todo lo que hace o preguntar. A veces esas dos cosas se complementan. Lo malo es que no siempre las respuestas son sinceras. O la persona misma no sabe qué le gusta.

Me pasa con mis hijos que yo quisiera darles algo que estoy convencida les va a encantar y ellos quieren otra cosa. Ya ni me siento mal. Prefiero preguntar qué quieren, aunque se me quite a mí la felicidad de encontrarlo. Total, el regalo es para ellos.

Marcas

Recientemente me topé con una compañera del colegio con la que, según yo, no compartimos experiencias allí. Resulta que sí. Increíble cómo pudimos convivir tanto tiempo y no coincidir. Lo que más me llama la atención es ese conjunto de marcas que se parecen. Y no hablo de tatuajes, sino de lo que nos deja la vida en el espíritu. No se ve, pero se vive profundamente.

El advenimiento de la psicología moderna es uno de los avances médicos más significativos. Creer que sólo el cuerpo se enferma y se cura nos deja sin herramientas para sanar lo que nos duele por dentro. Y a veces, eso es más pesado que cualquier herida que sangra.

Todos tenemos marcas. Algunas bonitas, otras no tanto. Y todas se deben asumir, felizmente porque, aunque nos adornen, no nos determinan. Yo estoy llena de recordatorios. Espero seguir haciéndome más, son la prueba de que sigo viva.