Mi papá decía que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y conste que no era conformista.
Las únicas cosas perfectas en este mundo son las inmutables. Estáticas. Rígidas. Llenaron todas las necesidades de un momento determinado y allí se quedaron. Aparcadas sin cambiar. Eso no sirve para vivir porque lo vivo cambia. Es su esencia.
Además de ese dicho de mi papá, me gusta el de Roy H. Williams: todo lo que vale la pena hacerse, vale la pena hacerse mal. Porque lo “malo” es relativo y lo perfecto sólo sirve para un rato.
