Sin paciencia

Hoy ayudé examinado a niños pequeños en el karate. No tengo paciencia. Creo que tampoco tengo el conocimiento necesario para darles clases. Pero sí me generaron ternura, lo cual compensó.

Ser parte de una organización de enseñanza, de la naturaleza de un dojo, da un sentido cercano de comunidad, que se mezcla con el respeto y la responsabilidad. Mientras más avanza uno, más compromiso tiene. De ayudar, de enseñar, de aprender. No se puede navegar sin agradecer el viento.

Me encanta mi dojo. Los amigos que he hecho. Los maestros que me han ayudado. Aprendo de todos. Y me gusta corresponder con cosas pequeñas como ir a ver pulgas combatiendo. Lo que no tengo de paciencia me lo compensa el gusto.

Ejercicios

Cuando uno piensa en una rutina de autocuidado, generalmente se enfoca en lo físico. Hacer ejercicio lo asociamos más con pesas y cardio que con pensar y hablar.

Hay un artículo al que regreso seguido: 36 preguntas para enamorarse. No es una fórmula mágica, nadie va a salir de allí loco de amor si no hay algo más. Pero es un ejercicio valioso. Y, sí, requiere esfuerzo. Abrirse, contestar sinceramente las preguntas, no es sencillo. Es un ejercicio.

Agregar estas pequeñas rutinas a las que ya tenemos, las que impliquen otro tipo de cansancio, también es cuidarnos. Porque lo de adentro necesita que le pongamos atención y nuestras relaciones no se mantienen solas.

Exploraciones

Estoy leyendo una novela maravillosa de ciencia ficción relacionada con el «primer contacto» con una civilización alienígena. Excelente. Y me hace pensar en los primeros encuentros con personas que no conocemos y a las que nos queremos acercar. Todos somos seres extraños, aunque tenemos la ventaja de las formas comunes de experimentar el mundo.

Los seres humanos compartimos las estructuras básicas que nos permiten tener conexiones entre nosotros. Es más, evolucionamos para tenerlas. Nuestras relaciones, nuestras conexiones, nos ayudan a ser mejores, más felices, menos amargados. En otros tiempos, nos mantenían vivos y ahora, en cierto sentido, también.

Cuando conocemos a alguien nuevo, sobre todo a cierta edad, hay que hacer un esfuerzo consciente de acercamiento y de escucha. Explorar toda esa vida que no hemos compartido. Escuchar más allá de las palabras que se dicen. Y estar abiertos a descubrir cosas de nosotros mismos cuando nos compartimos. Excelente forma de volver a vivir.

Testigo

Creo que todo lo que ha hecho el ser humano ha sido para que alguien se fije en él. Una cuestión de no quedar atrás cuando vivíamos en manada, tal vez. El que no era visto, se moría. Por eso lloran los bebés, nos arreglamos para salir, construimos pirámides. El arte entero es una llamada de atención.

Nuestro cerebro está diseñado para compartirse y vivir en conjunto. Para eso necesitamos hacer relaciones. Nos sentimos vistos. Comprendidos. Alguien tiene que ser testigo de nuestra existencia porque si no, nunca estuvimos.

Nuestros amigos cumplen esa función. No necesitamos dejar nuestra huella en la Historia. Tan sólo precisamos conectar con otro ser humano.

Donde duele

El dolor es una cosa maravillosa. Es el mejor guardián de nuestra integridad, la mejor señal de nuestro límite. Nos indica con precisión en dónde somos débiles. Y es exactamente por eso que tenemos que aprender a romperlo.

Todas las incomodidades nos llaman a quedarnos en el mismo lugar caliente y seguro. Pero allí no pasa nada interesante, no hay crecimiento, no hay nada nuevo. Cuando salimos de nuestras cuevas, atravesamos el océano sin ver la otra orilla, dejamos nuestros hogares, nos convertimos en los dueños de nuestro mundo. Muchas veces pagándolo con dolor.

Lo que duele, hay que hacerlo más fuerte, más flexible, más adaptable. Hasta que deja de doler. Y uno busca la siguiente frontera.

Vuelve a crecer

Me he cortado el pelo muchas veces. Y lo he tenido de muchos colores. No siempre me ha gustado, pero siempre vuelve a crecer. Al menos así me consolaba. Tenía un truco: había que esperar.

Eso de que el tiempo todo lo cura no es cierto. Es sólo que borra lo anterior. Tal vez eso sea suficiente.

Ahora me toca a mí consolar a mis hijos. Su dolor me duele más que el mío. Y a veces sólo me queda decirles que ya volverá a crecer.

Cambios

Nunca hubiera sabido cómo cambia la vida si no tuviera hijos. Ningún día es igual al otro, y ellos no son los mismos con el tiempo. El error más grande que he cometido con ellos es no cambiar lo suficientemente rápido. Tratarlos como las personas que eran.

Las relaciones evolucionan. O se acaban. Porque todos cambiamos. Mantener la idea de algo fijo, inmutable, solo sirve para los muertos, que son los únicos que no cambian más. Identificar dónde estamos estancados, donde nos aferramos a algo que no trasciende, nos ayuda a mejorar.

Quiero aprender a, por lo menos, seguirles el ritmo a mis hijos y no quedarme totalmente atrás. Porque llega el día en que el cambio no es tan rápido y podemos caminar juntos a un paso menos frenético, pero sólo si los he acompañado.

Caras familiares

Uno se acostumbra a ver a un actor en un papel especial cuando lo hace por mucho tiempo. Se vuelve parte de su identidad, por mucho que uno sepa que es tan sólo una actuación. Y luego sale en otro papel y resulta que no es igual y a uno no le gusta.

Jugar el mismo papel en nuestras vidas nos encasilla. No se trata de no ser consistentes, pero tampoco de no salirnos de los lugares que nos hacen mal. Lo ideal es poder escribir uno su historia y cambiarla cuando la trama ya no nos beneficia.

Me pasó con Doctor Who, que el papel lo juegan distintas personas. Y me cayó mal el último. Aunque entiendo que sólo están actuando.

Los remedios

A mis hijos les enseñé a limpiarse la nariz con un lavado nasal que no es absolutamente nada agradable. Pero casi ningún remedio lo es. Las medicinas, en general, son amargas. Los tratamientos tienen efectos secundarios negativos. Nos duelen los huesos cuando se regeneran.

Las cosas que arreglan algo que está mal requieren esfuerzo. Mantenerlo bien también, pero menos. Lo malo es que dejamos que las cosas se deterioren hasta que ya no funcionan y eso cuesta mucho más.

Yo prefiero meterle ganas al mantenimiento de las cosas que funcionen bien. No me gusta tomar remedios. Pero, si hay que pasarse agua con sal por la nariz, también se hace.

Vuelto a hacer

Estoy viendo una serie basada en una de mis novelas favoritas. El libro fue escrito basado en hechos reales en los 70’s. La serie está ambientada en el presente. Felicitaciones a los creadores porque, no siendo idéntica al material original, la vuelta a hacer captura el espíritu de la primera y lo hace renacer.

Cada día que vivimos nos rehacemos. Con los pedazos viejos que transformamos. Como si fueran piezas de Lego y construyéramos nuevas formas con los mismos bloques. Es una economía preciosa. Traemos lo del pasado y lo hacemos nuevo en el presente.

No siempre son buenas las hechas de nuevo. Generalmente las peores son las que son casi iguales que la original, pero no lo logran. Mejor hacer algo totalmente distinto.