Hoy ayudé examinado a niños pequeños en el karate. No tengo paciencia. Creo que tampoco tengo el conocimiento necesario para darles clases. Pero sí me generaron ternura, lo cual compensó.
Ser parte de una organización de enseñanza, de la naturaleza de un dojo, da un sentido cercano de comunidad, que se mezcla con el respeto y la responsabilidad. Mientras más avanza uno, más compromiso tiene. De ayudar, de enseñar, de aprender. No se puede navegar sin agradecer el viento.
Me encanta mi dojo. Los amigos que he hecho. Los maestros que me han ayudado. Aprendo de todos. Y me gusta corresponder con cosas pequeñas como ir a ver pulgas combatiendo. Lo que no tengo de paciencia me lo compensa el gusto.
