Hoy entrenamos con los meros meros del karate. Como siempre, me doy cuenta lo mala que soy. No termino de hacer mías las aplicaciones de los movimientos y los hago mal.
Todo, siempre, se puede hacer mejor. Nunca, nada, se puede hacer perfecto. Y en ese proceso de mejora es que se hace lo que verdaderamente vale la pena. Parte de la práctica no es sólo hacerlo bien, sino perder el miedo de hacerlo mal. Yo prefiero tirarme al agua y que me salga medio mal lo que quiero aprender a hacer bien, que quedarme sentada a la orilla de la vida viéndola pasar sólo porque no me sale perfecto. Al carajo con lo perfecto. Denme algo que pueda hacer.
Seguro tengo mucho qué aprender. Y mientras lo siga haciendo seguiré adelante, aunque sea mal. Creo que de eso se trata.
