Nada más feliz que un niño con límites. Y que se hagan valer consistentemente. Nada más difícil que ponerlos. Al menos a mí me cuesta. Prefiero “quedar bien” y al carajo mi propio bienestar.
El auto cuidado debería ser natural. Y no un proceso complicado de aprendizaje. Ponerse a uno primero no es malo. Es indispensable cuando uno piensa que no puede vaciarse y pretender seguir dando.
Quisiera poner límites firmes, sin lastimar. Pero no siempre es factible porque son los de afuera los que a veces se tiran contra el alambre. Y eso, estoy aprendiendo, no es culpa mía.
