Pero la vida sigue, y siguen habiendo cosas qué hacer, gente qué alimentar, perros qué cuidar, ejercicio, escritura… La interrupción en la rutina no quiere decir que lo esencial no continúe.
Creo que eso es lo que más me gusta de cualquier interrupción: saber que siempre hay a dónde regresar. Como si aún tuviera casa de mis padres dónde me hagan mi postre favorito. Supongo que me he creado mi propio lugar ficticio y allí me siento bien.
Así que mañana (hoy), aunque no se trabaje, igual sigo con lo igual.
