Vieja favorita

Uy. Hay una nueva versión de Night Court, mi serie favorita de los 90s y no sé cómo sentirme al respecto. Tengo ganas de verla y no quiero hacerlo. Me encantaba esa serie, es imposible que la vuelvan a hacer igual de bien. Pero…

Cuando uno se esfuerza demasiado en recapturar algo que fue mágico en su momento, invariablemente se decepciona. Nada vuelve a ser igual. Lo que sí se puede es darle otra variante al tema como una buena improvisación en el jazz.

Voy a ver el primer capítulo de la nueva serie. Tal vez lograron conservar el sabor original, con un nuevo gusto. O tal vez es pésima. Pero no lo puedo saber de antemano.

La cuerda y el lazo

Sigo viendo a mi pequeña

cuando te paras a mi lado, y ya no lo eres

escucho a la niña

hablar desde tu boca adolescente

tu cuarto lleno de peluches y maquillaje

mi vida pasando rápido a tu lado

y tú, pequeña mía, cortando la cuerda

para volar más alto

mientras yo forjo otro lazo

que nos una con ternura.

¡Felices 14 mi Vida!

Diferentes historias

Pide que dos personas cuenten un acontecimiento y tendrás por lo menos dos historias distintas. (Si son abogados, no menos de tres.) Yo creo que es cuestión del lugar desde donde vemos las cosas. No es lo mismo verle la cara al caballo, que la cola.

Aunque la verdad es absoluta, la realidad, esa que percibimos, es relativa. El punto es encontrar coincidencias para entenderse. El problema es cuando una de las partes hace prevalecer su versión de los hechos a costa de todo lo demás, incluso la verdad.

Por eso es tan importante la evidencia incontestable de los videos y otras pruebas. Y también por eso es que es tan destructivo que éstos puedan ser manipulados y manufacturados. Prefiero que hayan varias versiones, todas reales.

Invencible

Nadie es invencible. Todos flaqueamos. A todos nos llegan al precio. Y todos perseveramos, todos continuamos, todos nos sobreponemos. Es la realidad de la vida. Cambiamos de estado y en eso reside el secreto de la existencia.

Ningún ser vivo se mantiene inmutable. Y todo lo que nace, muere. No tiene connotación trágica, simplemente es lo que hay. Esa hermandad que compartimos al existir sirve de faro. Al final, todos vamos hacia el mismo lugar.

Yo quiero saberme hecha de algo perdurable, mutable y perecedero. Cosas contradictorias pero que se complementan. Sólo así es uno invencible.

Ponerse al día

Uno crece con gente a la que le guarda cariño aunque no la mire seguido. Las vivencias compartidas hacen una base firme de cosas en común que, si son felices, unen de forma bonita. Por eso los hermanos tienen un lazo especial aunque no se caigan bien y por eso es que uno de padre tiene la ilusión de crear lugares comunes con los hijos.

La estructura humana nos empuja a crear memorias emocionales indelebles cuando crecemos. Eso nos marca para toda la vida.

Cuando uno regresa a donde creció, se reúne con amigos de la infancia, va a reuniones de colegio, hay una persona en particular con la que uno se reencuentra: uno mismo. Hay que ayudarse a que ese encuentro sea feliz y nuestro yo de antes esté satisfecho de en quién lo convertimos.

El soundtrack

Hoy suena en mi mente “aquí estás otra vez”, y no precisamente por algo bueno. Me dio migraña, ooootra vez. Una compañía no grata. Capitulé tomando medicina fuerte y ya soy persona, pero ¿cuál es la necesidad de sentirse uno así?

Pues sí que la hay. Porque el dolor es una de nuestras formas más efectivas de cuidarnos. Las personas que tienen condiciones nerviosas que les impiden sentir dolor están s una cortada de morirse. No poder fijarnos que nos quemamos, que tenemos roto algo, que se nos explotó un órgano, es no poder vivir. El dolor nos preserva. También el emocional. Y no hay necesidad de hacerse uno el valiente e ignorarlo. Hay que detenerse y examinar de dónde viene, cuál es la causa y cómo quitarlo. Porque tampoco se trata de andar lastimado uno el resto de la vida.

Me dio migraña porque me enojé. No tengo que enojarme tanto. Es bueno que el dolor me lo recuerde. Y espero ya no escuchar seguido la cancioncita.

No estar

Pierdo el tubo negro de noche

se desaparece en la oscuridad

lo encuentra mi mano, se vuelve corpóreo

no todo lo que existe se puede ver

pero siempre se puede sentir.

Sin tiempo

Hoy dije una barbaridad al aire. Me salió sin pensarla, como cuando a uno se le salen las palabras de una canción. Es inevitable que a veces uno no se tome el tiempo de autoeditarse en vivo.

Escribir tiene la ventaja del tiempo. Uno puede regresar a revisar lo puesto, cambiar alguna palabra, ser más preciso con la intención. Aunque eso lo hace menos inmediato. En el calor de un beso, uno quiere escuchar el “te quiero” allí mismo, no en una misiva dos semanas más tarde, por muy bonita que sea.

Igual se me sale el mal genio, basta con frotarme un poquito el botón del ensatane. He aprendido a hacer espacio entre el estímulo y la reacción, pero a veces esa distancia es corta, muy corta. Espero volver a ajustar los filtros. Y a separar las dos orillas de mi comportamiento. Mañana.

Ataques inesperados

Meterle la pastilla hasta la garganta a la pastor alemán, con mis dedos entre sus dientes, no deja de parecerme un acto de valentía. Son animales, después de todo, y no tienen por qué no seguir sus instintos. Claro que son cientos de años de evolución conjunta y por algo nos entendemos.

Creo que todo ser vivo tiene la capacidad de lastimar. “Si tiene boca, muerde”, es el lema de la casa. Que no quiere decir que vaya a suceder. Pero podría. Cualquier relación conlleva un riesgo. Pero la alternativa es impensable porque duele aún más el aislamiento.

El chucho hizo su mejor imitación de luchador mexicano y se lanzó contra la hembra desde el sillón en un ataque sorpresa. Eso no lo vimos venir y la pobre se vino a refugiar entre mis piernas como si no pudiera ella defenderse. Claro que puede y el otro cutre también. Pero se adaptan a ser parte de mi manada. Les sigo metiendo las manos a la boca, porque, aunque podrían morderme, el riesgo es menor a la tristeza de no tenerlos. Y por eso también sigo teniendo relaciones con gente.

Cuestiones administrativas

Hoy, entre llamadas de seguros, lavar, doblar y planchar ropa, hacer almuerzos y loncheras, me di cuenta lo cargados de rutina que están mis lunes. Es un buen día para estar ocupada, comienzo con aviada la semana. Ya para el viernes no quiero salir de mi casa, pero eso es el viernes.

Ayer escribí una buena definición de felicidad dada por San Agustín. Hoy voy a parafrasear a Harari: el ser humano es más feliz, mientras mejor adaptado esté a su entorno. Eso incluyen constructos sociales, normas culturales no escritas y presiones familiares. La clave, aparentemente, es estar contento con nuestras circunstancias. Porque, al final del día, es lo que hay.

Los lunes termino tan cansada, que me cuesta dormir. Pero también con la consciencia que es una rutina auto impuesta y que corresponde a mi gana de tener más libertad conforme pasa la semana. Así que, a hacerle ganas. Hasta el viernes.