Soltarse

«Las relaciones deberían ser más sencillas.» Pues, ya llevamos más de 20 años de conocernos, uno diría que ya podríamos leernos la mente. Allí está que no. Todavía tenemos que recurrir al arcaico método de hablarnos.

Los humanos nos comunicamos a través del lenguaje. Pero éste es mucho más que sólo palabras con una definición en el diccionario. Primero, a veces no estamos de acuerdo en la definición, luego le encaramamos sentimientos, le unimos recuerdos. Ya sólo con eso hacemos que cada palabra pueda hacernos reaccionar en una forma muy particular. Por último, interpretamos el tono, inflexión y volumen de la voz, junto con los gestos y la proximidad. Y ya nos jodimos.

Cuando uno tiene una relación que quiere que sobreviva al largo plazo, aprender a hablar con claridad es una habilidad útil. Aprender a recibir lo que nos dicen sin buscarle tres pies al gato es una destreza vital para sobrevivir emocionalmente y que las cosas vayan avanzando.

Llegar a una discusión acarreando resentimientos, malos recuerdos y desconfianzas, alimenta la paranoia. Por algo le dicen a uno que siempre se habla de lo concreto y nunca se dice «es que siempre pasa xx».

Es triste que uno de verdad no se pueda enchufar al cerebro del otro para que todo quede completamente. Cansa tener que tener una de «esas» charlas. Pero resulta que eso no es complicado. «Esto es sencillo. ¿Has visto la mara que se tira los platos?» Pues sí. Más fácil hablar.

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