Las despedidas que duelen
hay que llorarlas
y dar las gracias
por todo el amor
que hace que duelan.
Las despedidas que duelen
hay que llorarlas
y dar las gracias
por todo el amor
que hace que duelan.
El mismo color del cielo que cambia
la voz de mis hijos
el olor del café
cómo me siento contigo
la década en mi edad
las cosas permanecen y yo, tal vez, también.
Conozco el futuro
lo vi en tus ojos
quiero ir allí.
Ya se dijo todo, lo lindo, lo sublime,
lo que lastima y desgarra.
Antes de inventar estas palabras,
de coleccionar diccionarios y gramáticas.
Dos amantes ya se juraron hasta la muerte
los ojos se compararon con estrellas.
Hasta las cosas nuevas ya existieron antes
todo está sentido, llorado, exclamado.
Y a ti, te lo repetiría todo.
Hoy agradezco el dolor
el fuego que me dejó arrasada
el romperme
el vacío de la ausencia
el silencio
la soledad en compañía
el rechazo
el abandono
el haberme quedado con las manos abiertas
la boca expectante
los ojos que buscan
nada puede ocupar un lugar lleno
primero hay que limpiarlo.
Voy despacio contigo
disfrutando el camino
por fuera todo va lento
y por dentro me desboco.
Creo que me rompí
para dejar pasar
toda la luz
que me habita
cuando estamos juntos.
El piso se mueve
me vuela el estómago
camino a un metro del suelo
y nada me es familiar
pero todo me gusta.
El mundo se expande cuando estamos solos
y se contrae entre otras personas
el resultado es el mismo
las orillas de la realidad se me borran
y sólo existimos los dos.
Quién quiere pedirle a Damocles
que use el filo
si este nudo que tenemos
nos une hasta en la distancia
moléculas que se buscan
desde el principio de la existencia
y que yo no quiero deshacer.