Gente interesante

Si uno presta atención, todas las personas tienen algo interesante qué contar. Pero no todas son interesantes. El pozo de personalidad que se han cavado es superficial y no siempre hay agua allí. Pero, de vez en cuando, uno se encuentra con gente de profundidades inagotables, aunque el líquido no sea necesariamente del sabor que a uno le gusta.

Hay pocas cosas tan fascinantes como el escuchar a alguien hablar con pasión de algo que conoce y le gusta. Y, si encima de eso tiene una genuina apertura a aprender más, curiosidad de preguntar y autoconfianza para admitir que no lo sabe todo, ni del mismo tema que sabe mucho, esa persona es un tesoro.

Lo cierto es que uno tiene hasta cierta obligación de ser más curioso, más abierto. No hay excusa para quedarse estancado en las cosas que a uno le gustaban antes. Porque es sacar agua del pozo sin rellenarlo. Al final, se va a agotar.

Quedar bien con uno mismo

Yo cocino lo que yo quiero comer. Procuro hacer cosas que a todos nos gusten, pero primero, a mí. Nunca he entendido la necesidad de sacrificarse uno por los demás y exigir reconocimiento, sobre todo en algo tan básico como hacer comida. Supongo que era otra forma de demostrar cariño. Pero prefiero comer lo que me gusta y que a los demás también.

Hay una tendencia rara entre las mujeres de cierta edad, que creemos que cuidar de nosotras, pensar en nosotras, es malo y no productivo y reprobable. Descansar no está permitido, no sobresalir en todo es señal de mediocridad y no verse perfecta todo el tiempo sólo puede llevar al completo derrumbe de nuestra autoestima. No nos enseñaron a vernos con cariño, decirnos palabras de ayuda, ponernos atención. Y pretendemos recibir todo eso de los demás, poniéndoles una presión innecesaria, porque primero tiene uno que gustarse a uno mismo. Nadie llena ese vacío.

Tengo demasiados años de usar palabras afiladas, tonos criticones conmigo misma. No sé si podré cambiar. Pero sí quiero comenzar a ponerme de primero para mucho, porque quiero ponerles después toda la atención a los demás.

Para lo que uno entrena

Cada vez me impacta más la verdad de la frase: todo sistema está perfectamente diseñado para dar los resultados que da. Es que es tan lógico y tan sencillo que dan ganas de retorcerlo, de recitar algunas palabras mágicas que nieguen eso, de esconderse donde la realidad no lo encuentre a uno. Pero nos rodean los resultados de nuestros sistemas, en lo más íntimo y cercano, sobre todo. En ese universo personal que vivimos todos los días, si reiteradamente obtenemos cosas que nos molestan, es imperativo revisar cómo las estamos creando.

Como reto adicional, nuestros cambios propios a veces nos pasan desapercibidos y el mismo sistema que nos ha servido hasta el momento, deja de funcionar. No cabemos en la misma ropa de hace veinte años. No igual. Ni sabemos lo mismo, ni secretamos las mismas hormonas, ni buscamos lo de siempre. Detener las consecuencias es como sujetar el agua. Claro que la mano se queda mojada, pero no la pudimos detener.

Con hijos que crecen, me sorprende siempre cuánto me debo adaptar a sus necesidades y a las mías, porque el resultado que busco es fijo, pero los métodos han cambiado. Me cuesta esa flexibilidad, no hay yoga que valga para una mente cerrada. Pero entiendo que es mejor soltar el proceso, arreglarlo, hasta hacer uno nuevo, con tal de tener el objetivo que quiero.