Descripciones adecuadas

Yuval Noah Harari dice en un libro que el ser humano desarrolló el lenguaje como una forma de pasarse información de los miembros de la tribu. O sea… por chismear. Y es que ¿cómo más un jefe le iba a decir al otro que Tunga-Unga era buen rastreador pero medio cobarde y que Uga-Uga lanzaba bien la flecha, pero que tendía a pelearse? La posibilidad de compartir información es esencial para nuestras interacciones.

Describimos nuestras vidas con todas las palabras que decimos, aunque no sea esa nuestra intención. Hay una pulsión por darle forma a nuestra experiencia. Por eso hablamos. Por eso escribimos. Por eso escuchamos. Y es aún más importante cuando se trata de definir lo que pensamos de alguien más.

Describir con exactitud (hasta donde se puede) a otro, es como ponerle un buen papel de regalo a un cofre. Sabemos que hay muchísimo más allí que lo externo, pero el adorno nos indica una idea primera que probablemente permea el resto. Acabo de referirme a alguien como “calladamente gentil”. No es todo lo que es. Pero da una buena idea.

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