Yo cocino lo que yo quiero comer. Procuro hacer cosas que a todos nos gusten, pero primero, a mí. Nunca he entendido la necesidad de sacrificarse uno por los demás y exigir reconocimiento, sobre todo en algo tan básico como hacer comida. Supongo que era otra forma de demostrar cariño. Pero prefiero comer lo que me gusta y que a los demás también.
Hay una tendencia rara entre las mujeres de cierta edad, que creemos que cuidar de nosotras, pensar en nosotras, es malo y no productivo y reprobable. Descansar no está permitido, no sobresalir en todo es señal de mediocridad y no verse perfecta todo el tiempo sólo puede llevar al completo derrumbe de nuestra autoestima. No nos enseñaron a vernos con cariño, decirnos palabras de ayuda, ponernos atención. Y pretendemos recibir todo eso de los demás, poniéndoles una presión innecesaria, porque primero tiene uno que gustarse a uno mismo. Nadie llena ese vacío.
Tengo demasiados años de usar palabras afiladas, tonos criticones conmigo misma. No sé si podré cambiar. Pero sí quiero comenzar a ponerme de primero para mucho, porque quiero ponerles después toda la atención a los demás.
