Hay un momento de espanto: cuando uno se ve al espejo con anteojos y debe admitir que no era que funcionaran las cremas, sino que ya tenía uno incorporado el filtro suavizante.
No sé por qué me está costando tanto el cambio. Pero lo estoy sintiendo todos los días. Y desconozco si debo luchar o aceptarlo o lo contrario.
Me gustaría verme a través de los ojos de la gente que me quiere. Eso sí es un buen filtro.
