Un parque

Viajamos con los niños a la Ciudad de México para Año Nuevo. No es el destino común para una familia, pero queríamos que los peques tuvieran la experiencia corta de una ciudad en la que se puede caminar. Ahora mismo estoy escribiendo en la banca de un parque.

Vivimos tan acostumbrados a nuestra propia realidad, que se nos escapan las vidas de los demás. Es difícil entender qué tan metidos estamos en nuestra cajita, hasta que nos mueven de lugar.

Los viajes, los libros, la música y la gente, todo es un portal que nos puede transportar a un punto de vista distinto al nuestro. El mundo está conformado con tantas opiniones del mismo, como hay humanos. Es una delicia encontrarlos, porque nos enriquece nuestra propia existencia.

Para un par de niños que vive en una ciudad que sólo recorremos en carro, caminar por la calle ha sido liberador. Para mí también. No me puedo llevar el parque de regreso a casa, pero sí ya sé el tipo de sensación que me gusta tener. Habrá qué ver cómo replicarla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.