Elotes

Hay sabores que reconfortan. No sólo porque nos traen recuerdos, también porque la comida es la medicina que usa nuestro cuerpo. La química nos pone en algún estado especial.

Parte por eso es que es tan difícil dejar de comer lo que no nos conviene: nos hace sentir bien. Hay que volverse a entrenar para tener la misma satisfacción con lo que nos hace bien. No es una tarea sencilla, pero se puede.

Me comí un elote con mantequilla. Casi tan bueno como una dona. Casi. Lo bueno es que no tengo donas en casa.

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