Las impresoras son la prueba que todo lo que puede fallar, falla. Justo cuando uno más lo necesita. Por eso amanece el carro con la llanta pinchada el día que uno va tarde. O se va el internet justo antes de mandar un correo importante. El universo hace que suceda todo lo que uno llama, conscientemente o con miedo.
No hay que ser fatalista. El vaso no está medio vacío. Pero tampoco medio lleno. Simplemente tiene agua. Y la vida no trata de pasarle a uno encima. Sólo trata de pasar.
Ayuda no estar apurado. No dejar las cosas al último minuto. Tener planes de contingencia. Y una segunda impresora.
