La Última Palabra

Quedarse con algo qué responder, atraganta más que un arroz trabado en la garganta. A veces sueño despierta pensando en la nariz que hubiera roto al pendejo que se me atravesó en el tráfico y, encima, me regaló con un recuento de mi árbol genealógico, comenzando por mi santa madre. Otras, no termino una discusión hasta que la mato, martillando mi punto para tener la razón. Me he cachado insistiéndoles a mis hijos en alguna falta, dándome cuenta que ya perdí su atención.

Supongo que es muy humano querer tener la razón. Es parte de sentirse entendido. Si no tuviéramos esa necesidad, la de compartirnos con las personas nuestro alrededor, nos daría lo mismo vivir solos en una cueva. El saberse comprendidos, reconocidos como parte de la humanidad, es lo que nos cohesiona a un grupo, a una familia, a una pareja, a nosotros mismos. Nos explicamos inconscientemente cada vez que le damos «like» a un post de FaceBook, cada vez que ponemos una estrellita en Tuiter o compartimos un artículo. Le contamos al mundo quiénes somos y qué nos mueve con la ropa que usamos, la música que escuchamos y los libros que leemos. Sobre todo porque tendemos a ser los mejores promotores de las cosas que nos gustan.

Nuestra «verdad» sirve para unirnos, sí, pero también sirve para crear brechas del tamaño del Gran Cañón. Porque es cuando no coincidimos, que no nos compartimos dulcemente, sino que queremos que los demás nos traguen como píldora. Difícil, muy difícil, aceptar que el constructo que tengo en la mente no está bien. Que la forma en la que percibí una situación está equivocada. Que una creencia que habita mi corazón y me ha formado como persona, no es correcta.

He encontrado que, conforme he crecido y madurado mis ideas, me es más fácil aceptar que haya otra forma de pensar. No sé si es que me importa menos ser aceptada, o si he logrado ser más abierta a los demás. Me gustaría pensar que es lo segundo, aún cuando sospecho fuertemente que es lo primero. Porque todavía me quedo con las ganas de romperle hasta los sentimientos al tarúpido del carro que casi me choca. En fin.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.