Estoy acostumbrada a pensar en términos de largo plazo. Mi mente va a veinte pasos más adelante. En todo. Con lo que eso tiene de ventajas y desventajas. Últimamente me he dado cuenta que tengo tan estructurada mi rutina, que me quedo a veces sin llenar productivamente mi tiempo porque no lo tengo contemplado. Y eso tiene que terminar.
En primer lugar, nada se puede estructurar sin hacerle cambios en el camino. En segundo, el hecho de quedarme paralizada porque no tengo nada planificado es un desperdicio. La deformación profesional a la que me sometí durante tanto tiempo puede modificarse. Con un poco de planificación.
Todos tenemos rutas de pensamiento en las que caemos sin darnos cuenta porque las forjamos hace ratos. Lo bueno de eso es que ni las cosas talladas en piedra son permanentes y todo se puede cambiar. Entre aceptar que puedo estar abierta a fluir y esforzarme por ocupar mi tiempo un poco más espontáneamente, este debería ser un buen año para aprender cosas nuevas. Como tocar el piano. Voy a hacerme un horario.
