Ilusión y felicidad

He aprendido a amar la cocina. Pasar bastante tiempo preparando comida rica para compartirla con la gente que quiero, me da placer. Es un buen ejemplo de gratificación diferida, porque a veces hago cosas que se toman hasta dos días en estar listas. Y me disfruto tanto el hecho de hacerlas, como el comérmelas.

Hay un punto de equilibrio precario entre el ser feliz en el momento y tener la ilusión del futuro. Sin lo segundo, no tenemos ambiciones, metas, razones para avanzar. Pero si sólo creemos que vamos a encontrar placer en lo que está por venir, jamás vamos a estar contentos, porque el mañana siempre es al día siguiente.

Encontrar la manera de estar consciente de nuestro alrededor e identificar lo que nos llena la cara de sonrisas, nos da paz, nos llena, en ESE momento, es encontrar el marco de la realidad que estamos viviendo. Y es allí, dentro de ese espacio, en donde encontramos la verdadera felicidad. La vida va pasando y el chiste es cabalgarla y admirar el paisaje, independientemente si estamos en bajada o en subida.

Estar metida en la cocina y pasar por los pasos de una receta, me parece un acto de creación y arte.

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