Estímulos

Anoche tuve pesadillas. Una amalgama de nervios, imágenes de la tele y mucha comida se unieron en mi cerebro para tenerme entretenida.

Los sueños son básicamente nuestra mente recogiendo los pedazos del día y armarlos en la forma que mejor le parece. A veces esas construcciones son bellas. Otras no. Pero siempre sobresalen los detalles que, aunque no nos hayamos dado cuenta, nos llamaron la atención. Es el juego del estímulo y la respuesta. Por eso es bueno fijarse con qué nos alimentamos (en todos los sentidos), porque no siempre sabemos qué se vaya a quedar impregnado.

Me desperté agradeciendo hacerlo. Hoy trataré de sólo ver cosas bonitas y calmarme y comer bien. No quiero otra película privada de terror.

Todos necesitamos que nos dejen ser vulnerables

Me sorprendió que los cohetes asustaran a mi perra anoche. Ella ya vino grande a la casa y nunca la había visto así de nerviosa con nada. Generalmente es la ecuánime de los dos, el de dos años todavía es un cachorro. Pero anoche Alma sí me pidió consuelo.

No importa qué tan grandes, fuertes, experimentados y capaces somos, los humanos somos vulnerables. Y eso es bueno. Nos suaviza, nos acerca a los demás. No hacemos conexiones sentimentales donde somos duros. Nos unimos en lo suave, lo frágil, donde hay peligro de dolor. Cuesta abrirse, cuesta mostrarse vulnerable. Creemos que perdemos una supuesta posición de poder. A veces vale la pena. Ese lugar es solitario.

Abracé a mi perrita, pasaron los ruidos y ella pudo dormir tranquila. Yo también. Agradezco ese momento de dulzura. Y recuerdo que yo también tengo permiso de tener los míos. Sin perder nada.

Propósitos

Una de mis mejores amigas se burla, no sin razón, de las listas de propósitos de Año Nuevo. Yo miro con desconfianza los “challenges” de los gimnasios y los “eneros secos” de mis cuates. Enero es un excelente mes para cobrar cuotas anuales que no vamos a aprovechar y para empezar agendas que no vamos a llenar.

No es que sea derrotista, es que el hecho de tener que esperar un mes, un día de la semana, una fecha en particular para cambiar, quiere decir que uno no quiere hacerlo en verdad. Las mejores decisiones son las que tomamos y ejecutamos, aunque sean malas. Esperar a que la vida nos dé la campanada de salida no tiene sentido: ya nos la dio cuando nacimos.

Así que, en este nuevo año, seguiré haciendo lo mismo que en el viejo: cambiando cuando sea necesario, aún si eso implica empezar la dieta en viernes.

Medidas promedio

Las recetas modernas tienen medidas estándar que no existían antes. Una taza era la taza que uno usaba de forma regular y la cuchara la que estaba en la gaveta. Una cuestión más de sentimiento que de precisión.

Tenemos muchas medidas para nuestras vidas. El problema es que la persona promedio no existe y nadie conforma por completo con lo normal. Por eso no nos sirve a todos lo mismo, sólo más o menos. Por eso lo que hacemos con un hijo no funciona con otro. Y por eso es que no siempre entendemos lo que nos pasa.

Lograr encontrar la medida que necesitamos requiere atención y pruebas. No siempre tenemos el tiempo para hacerlo. Pero hasta la receta con las medidas más precisas necesitan ajustes personales. Ni siquiera el agua es igual en todas partes.

Pérdida de tiempo

Hoy es el octavo domingo consecutivo, según mis cálculos, de este fin de año y me siento perdida. No hay clases, no hay karate, no hay radio. Aunque sí sigue habiendo ropa qué lavar y comidas qué hacer. La vida tiene una manera de seguir, aún en medio del más profundo de los descansos. Eso es bueno cuando hay una pérdida porque nos hace salirnos del encierro. Pero, en ocasiones como ésta, la rutina sólo me recuerda que este estado beatífico de mañanas tardías y días lentos, es temporal.

Perder el tiempo es un pecado en contra de nuestra existencia misma. No hay nada que lo recupere. Pero descansar… Me cuesta separarlos. No he aprendido bien a darme un momento de no hacer nada.

Todos necesitamos este tipo de disrupciones voluntarias. Porque la vida tiene unas maneras muy particulares de obligarnos a parar. Prefiero sentirme haragana a enferma. Y me gusta cocinar, aún en este enésimo domingo consecutivo.

Tantas opciones

Es complicado encontrar algo interesante qué ver, no por falta de cosas sino por lo contrario. La abundancia sin límites nos deja igual de insatisfechos que su escasez. Solo que, cuando hay mucho y no nos podemos decidir, sentimos que vamos a perdernos de algo mejor que lo que tenemos.

Hay muchas formas de estar insatisfecho. Pero sólo una de serlo: vivir en lo que uno tiene y no insistir que hay otras cosas que uno no tiene. El universo de lo que uno desconoce, carece, podría tener, es infinito. Y aburrido.

Siempre se puede tener algo mejor. Pero no vale la pena lamentarse de no tener una posibilidad sin disfrutar lo que sí se tiene. No hay nada mejor que vivir con el lema: es lo que hay.

Malas fotos

Detesto cómo me miro en las fotos que me toma otra gente. No me reconozco. Siempre salgo con una sonrisa de psicópata, mal parada, los ojos muy pequeños y me miro gorda. Fatal.

Tengo muy pocas fotos con mi mamá. Y, si a ella le pasaba lo mismo que a mí, lo entiendo. Pero no lo perdono. Quiero más fotos con ella y con mi papá y con mis abuelas. De mi tío Alberto no tengo ni una.

Así que hoy pedí que me tomaran fotos con mis hijos. No me gusta como salgo (ver primer párrafo), pero las tengo. Prefiero una mala foto existente que una buena imaginaria.

¡Feliz cumpleaños!

Hola Mami,

Otro año más y tanto, tanto por contarte.

El Canche ya maneja y no lo hace mal, aún contando el portón que dobló por no quitar el retroceso. Le cayó bien la bajada de humos. Según él ya era Senna. Entre el adolescente gigante y serio, todavía veo a mi niño dulce. Sigue con su buen grupo de amigos, sigue ganando todas las clases y sigue enfocado en estudiar fuera de Guate. Tengo que encontrar una forma de sustituir los viajes largos en el carro cuando lo llevaba a sus partidos porque era la mejor manera de enterarme de su vida. Supongo que lo tendré que invitar a almorzar de vez cuando. Mi papá estaría tan orgulloso de él… Le sacó bastante al abuelo, incluido el amor por el deporte. Me gusta verle todo lo bueno de mi papá sin lo malo. Siento que la vida da oportunidad de mejorar hacia adelante. Ni te hablo de lo guapo. Si hasta con acné tiene que pedirles a las niñas que hagan cola. Espero con ansias el día en que le guste de verdad una chica y lo deje en visto. Le va a caer bien esforzarse.

La Princesa… Ha sido un año de muchísimo crecimiento con ella. Hasta perder alemán y tener retrasada lo hemos convertido en algo positivo. La vieras, Mama. Está más que preciosa, está feliz. Es dulce y determinada y divertida. Su condición la ha hecho madurar tanto, que es un milagro que se conserve tan de su edad. Obvio está loca por maquillarse, te podría recordar a cierta hija tuya a esa edad. Sigue retando mi capacidad emocional, pero es bueno. Me hace crecer.

Yo estoy bien. He procurado quedarme sólo con lo que me hace mejor, aunque haya tenido que dejar cosas cómodas atrás. Al fin fui donde un doctor que me atendió bien, cosa difícil a esta edad. Aún no he tenido un hotflash. Sigo con el karate. El programa ha crecido mucho y me hace sentir orgullosa, aunque eso que me reconozcan en la calle me pone muy nerviosa. Estoy rodeada de gente maravillosa, de antes y reciente y eso llena mi corazón de gratitud. Y sigo usando el pelo largo y suelto, no pienso cortármelo aunque sienta tu mirada sorprendida.

La vida es linda, Mama. Me hubiera gustado compartirla más tiempo contigo. Hoy se me ocurrió preguntarte algo de la vida de las tías. No importa que sean 18 años que no estás. Me haces falta.

Te mando un beso a donde estés y que te celebren tu cumpleaños. Aquí te estaré pensando.

Te quiero y te extraño,

LF

Pausa

Estos días, al final del año, parecen una pausa. Obvio es imaginario. Pero igual nos la tomamos.

Iba a dejar de escribir estos días. Pero no puedo.

Porque no importa qué tanto se tome uno un descanso, la vida sigue. Yo sigo. Y ustedes también.

Riesgos

Todo conlleva una transacción. Hacemos una cosa, dejando de hacer todas las demás. Y siempre corremos el riesgo de no emplear nuestro tiempo en lo mejor posible.

Vivimos una única vida a la vez. Las líneas de tiempo alternativas son físicamente posibles, pero no las experimentamos, así que esto es lo único que tenemos. Pocas verdades son tan pesadas para aterrizarnos. Ni tan liberadoras. Porque nos deja tomar riesgos, sabiendo que sólo tenemos lo que tenemos. Las decisiones tomadas son simplemente escalones en el camino.

He aprendido a aceptar conscientemente las decisiones que tomo. Hasta las malas. Sólo han sido un paso más. Me quedan todas las siguientes.