Anoche tuve pesadillas. Una amalgama de nervios, imágenes de la tele y mucha comida se unieron en mi cerebro para tenerme entretenida.
Los sueños son básicamente nuestra mente recogiendo los pedazos del día y armarlos en la forma que mejor le parece. A veces esas construcciones son bellas. Otras no. Pero siempre sobresalen los detalles que, aunque no nos hayamos dado cuenta, nos llamaron la atención. Es el juego del estímulo y la respuesta. Por eso es bueno fijarse con qué nos alimentamos (en todos los sentidos), porque no siempre sabemos qué se vaya a quedar impregnado.
Me desperté agradeciendo hacerlo. Hoy trataré de sólo ver cosas bonitas y calmarme y comer bien. No quiero otra película privada de terror.
