Las cosas esperadas

Me encanta planificar los viajes con mucho tiempo de anticipación. Me alarga el tiempo que me los disfruto. He aprendido a no clavarme con una expectativa muy rígida, a la par de anticipar lo que va a pasar.

Colgarle expectativas inamovibles a las cosas y a las personas no permite que haya sorpresas. Leo eso otra vez y mi yo de antes se hubiera preguntado por qué eso es malo. Mi yo de ahora lo entiende perfectamente bien. Uno no sabe lo que no sabe y dar espacio para que sucedan cosas inesperadas es abrirse al mundo.

No dejo de hacerme ilusiones de lo que quiero que suceda. Pero me concentro más en cómo me quiero sentir que en el hecho específico. Así, puedo cambiar de planes, sin cambiar de expectativas.

Las impresoras

Las impresoras son la prueba que todo lo que puede fallar, falla. Justo cuando uno más lo necesita. Por eso amanece el carro con la llanta pinchada el día que uno va tarde. O se va el internet justo antes de mandar un correo importante. El universo hace que suceda todo lo que uno llama, conscientemente o con miedo.

No hay que ser fatalista. El vaso no está medio vacío. Pero tampoco medio lleno. Simplemente tiene agua. Y la vida no trata de pasarle a uno encima. Sólo trata de pasar.

Ayuda no estar apurado. No dejar las cosas al último minuto. Tener planes de contingencia. Y una segunda impresora.

Un día callado

Contrario a lo que sería evidente, mis días transcurren en silencio. Al menos una gran parte. Creo que nos pasa a los adultos. Pero hoy me lucí.

El cuerpo sabe qué necesita y el mío quería dormir. Yo siempre me resisto a la inercia, no me gusta no hacer nada. Pero la vez pasada que no hice caso, terminé con neumonía. Mejor un día “perdido” que un mes enferma.

Así que he pasado tranquila. Mañana retomo todo. Si mi cuerpo me deja.

Se me olvidó

Tuve que mover un carro de la casa que tiene el freno de mano distinto del mío y, por un momento, olvidé cómo hacerlo. Obvio entré en pánico, hasta que recordé y lo moví. En fin. Si las cosas terminan bien, están bien. Aunque tal vez no.

Las personas que se centran demasiado en los procesos no son felices ni que todo salga como quieren. Las que sólo se fijan en el desenlace, no les importa qué hayan hecho pedazos en el camino. Y, como siempre, lo que queda en medio es lo que ayuda a ser mejor. Porque importa tanto el cómo, como el por qué.

Así que, la próxima vez que se me olvide algo, debería recordar que todo tiene modo. Y cuando llegue al final, mejor si me gusta el camino que tomé. Todo cuenta.

No escribí ayer

Se me olvidó escribir ayer. Estuvo bien que la vida me hiciera fijarme en ella y no en pensar cómo ponerla en palabras. A veces lo más importante es estar.

Hoy no lo olvido.

Buenos deseos

Comenzar el día deseando cosas buenas pone el tono de cómo se levanta uno. Es una lucha contra la preferencia de nuestros cerebros que buscan al tigre entre la maleza. Por eso es que la recomendación es tan básica, pero no todos la siguen.

Una forma de describir cómo pensamos es imaginar a dos neuronas comunicándose. Mientras más se active esa comunicación en específico, más común va a ser. Así se forman los hábitos, que no sólo son externos. También tienen lugar en nuestras mentes. Mientras más pensamos de una manera, más lo seguiremos haciendo.

Lo bueno es que nuestro cerebro es maleable. Sólo requiere del esfuerzo de salirse del camino conocido y tratar otros hasta convertirlos en costumbre. Como despertarse con buenos deseos.

Imparcial

No hay forma de no tomar una postura en cualquier situación. Simplemente porque sólo percibimos el mundo desde nuestra propia posición. No hay manera, hasta ahora, de ver a través de los ojos de alguien más, con todo lo que eso implica.

Antes que la inteligencia artificial, me va a sorprender y preocupar más que la tecnología permita a alguien más vivir mi vida. Creo que sería una pérdida de la individualidad. Aún en el caso de los libros, que nos invitan a imaginarnos en otras circunstancias, seguimos siendo nosotros, teniendo nuestras emociones y reacciones.

Estoy maravillada del futuro. Y estoy segura que los humanos van a ser algo completamente distinto de lo que somos ahora. Seguro tenemos más en común con nuestros antepasados cavernícolas de hace cientos de miles de años que con las generaciones futuras próximas. Tal vez logremos ser finalmente imparciales, pero a qué precio.

Buena celebración

Pasó el día de la madre. No desapercibido, pero sin demasiada pompa. Porque mis enanos saben que no necesito grandes gestos, pero sí actitudes constantes.

Una de mis mejores amigas dice que la maternidad está sobrevalorada. Tal vez está idealizada. Todo lo que vale la pena, cuesta. Todo lo que uno quiere, duele. Y en el caso de los hijos, a quienes uno adora, no puede ser fácil porque vale el mundo entero.

No soy amiga de mis hijos. Esos van y vienen. Soy su madre, para bien y para mal. Y eso vale la pena celebrarlo.

Hoy no

Pasé muy mala noche y eso me anula al día siguiente. Supongo que a todo el mundo. Nunca he sido buena para desvelarme. Y tengo mucho qué hacer. Pero así se quedó hoy.

Está bien tener tareas y cumplirlas. Hay algunas que simplemente no se pueden atrasar. Y hay otras que esperan a que las atendamos mejor.

Hoy no planché. Pero no me sentí mal. Puede ser mañana.