Un tiempo

Dile al tiempo que se baje de su moto

Claro, ya nadie usa caballos,

hasta aquellos jinetes los cambiaron,

todos quieren seguirle el paso al tiempo.

Miéntele, dile que es porque va muy aprisa

que te marean sus vueltas

y que quieres tomar un respiro,

hasta la cara te ha cambiado.

Cuéntale que se te olvidó cómo se siente

estar parado sin moverse en un mismo sitio,

quieres sentir la brisa, no el viento,

dejar de moverte.

Va a saber que no es cierto

que la vida te da igual cómo pase

la velocidad siempre te ha gustado

no por eso quieres que pare

encontrará mi mano en la tuya

desmontando, al quitarse el casco.

Hasta el tiempo, hermano de la muerte,

sabe cuándo es bueno detenerse.

24 minutos antes

Desperté antes que mi alarma. Me encanta madrugar, pero cualquier cosa que comience con 3 ya es demasiado temprano, hasta para mí, no tengo que ordeñar vacas. El chiste de despertar antes del sol es aprovechar las horas en silencio y prepararse. Para el desayuno, la ropa, el súper, los niños… lo que llamo vida y tiene que ver conmigo, pero no soy yo. No toda.

Aparentemente mi subconsciente a veces necesita aún más tiempo para centrarse. He tenido pesadillas muchas noches pasadas y a veces no quiero regresar a dormir. ¿Qué nos pasa en la noche? Tal vez nos cuesta rendirnos, soltar el hilo frágil por el cual sujetamos nuestra realidad sabiendo que es parcial, que no es cierta, no del todo.

Necesito regresar a dormir sin recordar. A sumergirme en la oscuridad y dejar que mi mente se relaje y no se invente historias. Y, tal vez, despertarme con la alarma

Las cosas sin fórmula

El hummus es cuestión de gusto del momento. O de lo que tenga a mano. Los ingredientes son siempre los mismos, pero nunca uso receta y me queda un poco distinto cada vez. Igual me gusta siempre.

Entre todo lo que se puede hacer, todo tiene ya una fórmula qué seguir. Pregunten entre la gente que hace repostería si no es más parecido a la química que a la cocina. Todo tiene medida y procedimiento. Luego viene el día que uno se entera que puede mezclar los ingredientes secos antes que los húmedos para hacer magdalena y se cuestiona el universo.

Las reglas de siempre funcionan y tienen el mérito de darnos resultados consistentes, pero hay que probar salirse de ellas de vez en cuando porque todo es susceptible de mejorar. Un beso no puede ni debe ser igual a otro, pero siempre debe ser rico. Así con todo. Sobre todo con el hummus.

Las respuestas esperadas

Nuestros planes se cambiaron, como los de todos, con estas circunstancias mundiales. Es más, se cambiaron dos veces y ahora estamos viendo cómo solucionar una cosa más entre las inesperadas. Pero… nos vino a dar lo que estábamos pidiendo, sólo que para otra fecha.

Darse cuenta que muchas veces importa más el resultado que el proceso, o hasta el momento, libera de presiones de forma. No estoy diciendo jamás que el fin justifique los medios, pero sí que la flexibilidad en la planificación ayuda a no quebrarse cuando llegue la tormenta, que seguro llega alguna vez. Es un poco lo que sí acepto de «dejar que fluyan las cosas» y no forzarlas. La gente cree que eso quiere decir que no hay que es-forzarse, pero lo único bueno que sale sin esfuerzo es respirar y ni eso a veces.

Así que, tratando de cambiar la ruta, tendremos el resultado que hemos venido pidiendo. Y tal vez hasta mejor.

Cosas grandes

Empezé a leer un libro enorme hace poco. Lo tuve guardado dos años, como si el mero peso fuera una montaña inalcanzable. He leído otros, hasta más grande, pero éste es “importante” y no quería que no me gustara. Tener que leer este ladrillo a la fuerza debe ser horrible, peor que comer algo feo.

Tal vez el secreto de hacer cualquier cosa es simplemente hacerlo y tenerse cofianza a uno mismo. Primero, para asegurarse que uno siempre va a hacer su mejor esfuerzo. Segundo, para saber que uno se es amable con uno mismo. ¿En serio no te gustó aunque lo intentaste bien? Va. Ni modo. Tal vez probamos de nuevo en un tiempo.

Lo lindo es que el tetunte me está fascinando y, probablemente, lo voy a terminar demasiado rápido.

Un pequeño esfuerzo

Hice hígado por primera vez y tuvo tres votos de cuatro. Al niño no le gustó pero igual se lo comió. Agradezco la gentileza de su parte. Tiene todo el derecho que no le guste.

Las preferencias por la comida son irrefutables. Nadie nos puede decir que sí nos agrada algo que detestamos. Casi igual a las personas. Pero, como con todo, hasta el paladar cambia y vale la pena probar cosas nuevas. Lo peor que puede suceder es que tampoco nos gusten una siguiente vez. Creo que el paso difícil es salir del prejuicio. El esfuerzo se hace antes de meterse la comida a la boca, antes de decidirse a estudiar algo complicado, de hacer ejercicio en la mañana. Cuesta el primer paso porque nos acerca siempre a lo desconocido y es demasiado trabajo empezar.

Pero quedarse en un mundo cómodo es el equivalente de sólo comer pan y tomar agua en un universo de sabores. Qué aburrido.

La próxima vez que haga hígado, también va a probarlo el niño. Lo más que pasa es que siga sin gustarle.

Frío por dentro

Noviembre comenzó congelándonos las ganas. De todo. No quiere uno ni bañarse. El sol está escondido entre agua, el viento se mete entre los poros y mi cuerpo tiembla. Trato de entrar en calor haciendo ejercicio, tomando té, abrazando niños, pero no hay mucho éxito en el emprendimiento.

Hablar del clima, como parte de la conversación, es de los temas tranquilos que se pueden tocar con todos. Porque son evidentes, el todos tenemos la misma información y no hay mucha carga emocional. Claro, salvo para los que discuten hasta de gustos personales.

Es un buen momento para agarrar a los engendros y meternos a ver películas. Que salga el sol otro día.

Descubrir cosas evidentes

El niño ya se puede sentar adelante en el carro. Casi pesamos lo mismo y ya está más alto que yo aunque me cueste admitirlo. No hemos salido mucho y eso poco ha sido a lugares conocidos. Pero… los está viendo desde un ángulo distinto. Y todo lo parece bonito. Calles con árboles que hacen un arco con las ramas, las casas desvencijadas del Centro, hasta las luces. Puede ver el tablero con la música, hacerme bromas en voz baja, tener otro punto de vista.

Me ha sorprendido esta nueva forma de manejar, aunque ya me ha pasado varias veces que las cosas viejas son nuevas con los ojos que descubren de mis hijos. Tal vez creí que ya no había nada por ver otra vez y estaba completamente equivocada. Porque hasta yo tengo primeras veces por vivir.

Lo evidente de la vida es que siempre está allí. Que no hay nada nuevo, sólo cómo lo percibimos. Y que el niño a finales del año va a ser más grande que yo.

Las familias

Somos familia porque transmitimos mitos. Desde que salimos de las cuevas, contando las hazañas en común, ahora nos quedan los recuerdos del tío que se fugó del colegio para enlistarse, o la prima lejana que se huyó con el novio.

Hay más que cuentos en las cosas que se dicen en una mesa llena de gente que comparte genes. Yo tengo poca relación con mi sangre, pero les aliento a mis hijos esa pertenencia. Porque los humanos somos tribales y nuestras mejores características se potencian en un grupo que nos apoye.

Esta época es esencial para seguir las tradiciones, que no son otra cosa que marcas tribales. Como un trampolín: anclado al suelo desde dónde saltar. Aunque yo misma soy ave rara, de ésas solitarias, aliento a mis pichones a tener parvada. Los pájaros suenan más bonito en coro.