Un pequeño esfuerzo

Hice hígado por primera vez y tuvo tres votos de cuatro. Al niño no le gustó pero igual se lo comió. Agradezco la gentileza de su parte. Tiene todo el derecho que no le guste.

Las preferencias por la comida son irrefutables. Nadie nos puede decir que sí nos agrada algo que detestamos. Casi igual a las personas. Pero, como con todo, hasta el paladar cambia y vale la pena probar cosas nuevas. Lo peor que puede suceder es que tampoco nos gusten una siguiente vez. Creo que el paso difícil es salir del prejuicio. El esfuerzo se hace antes de meterse la comida a la boca, antes de decidirse a estudiar algo complicado, de hacer ejercicio en la mañana. Cuesta el primer paso porque nos acerca siempre a lo desconocido y es demasiado trabajo empezar.

Pero quedarse en un mundo cómodo es el equivalente de sólo comer pan y tomar agua en un universo de sabores. Qué aburrido.

La próxima vez que haga hígado, también va a probarlo el niño. Lo más que pasa es que siga sin gustarle.

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