El niño ya se puede sentar adelante en el carro. Casi pesamos lo mismo y ya está más alto que yo aunque me cueste admitirlo. No hemos salido mucho y eso poco ha sido a lugares conocidos. Pero… los está viendo desde un ángulo distinto. Y todo lo parece bonito. Calles con árboles que hacen un arco con las ramas, las casas desvencijadas del Centro, hasta las luces. Puede ver el tablero con la música, hacerme bromas en voz baja, tener otro punto de vista.
Me ha sorprendido esta nueva forma de manejar, aunque ya me ha pasado varias veces que las cosas viejas son nuevas con los ojos que descubren de mis hijos. Tal vez creí que ya no había nada por ver otra vez y estaba completamente equivocada. Porque hasta yo tengo primeras veces por vivir.
Lo evidente de la vida es que siempre está allí. Que no hay nada nuevo, sólo cómo lo percibimos. Y que el niño a finales del año va a ser más grande que yo.
