No siempre

Acabo de estar en un vestidor en el que había un grupo de niñas adolescentes. Luego que me dejaron de recorrer los escalofríos del recuerdo por la espalda, pensé en todo lo que he aprendido desde entonces y si saberlo a esa edad me hubiera servido de algo.

A escaso mes y medio de cumplir 40, cada vez me importa menos lo que opinen de mi apariencia. He descubierto la maravilla de tener amigas. Puedo escuchar antes que hablar. Identifico cuáles tornillos vale la pena ajustar de mi relación.

Nada de eso me hubiera servido de un carajo a los dieciséis años. O sea, no es lo mismo tener el pelo de loca con dos niños y diez años de casada, que me tienen cariñito y les gusta, a un pelo de más cuando el resto se burla de uno. No sé, hay cosas que supongo se tienen que descubrir a trancazos.

Lo bonito es que eso me da la idea que aún me queda mucho camino por seguir. Si a lo que supongo es la mitad de mi vida, he llegado a este grado de comodidad en mi propia piel, el resto debería ser maravilloso.

Para mientras, me toca ver cómo llegan mis retoños a las mismas conclusiones (sus propias, no las mías).

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