Hay fuego en el cielo
pero no aquí
sólo sentimos el calor
sin ver las luces
aunque no tenemos el humo
igual nos quemamos todos
si no es así el infierno
esto se le parece.
Hay fuego en el cielo
pero no aquí
sólo sentimos el calor
sin ver las luces
aunque no tenemos el humo
igual nos quemamos todos
si no es así el infierno
esto se le parece.
Hice paella. Bueno, no porque no tiene mariscos, ni azafrán, ni está hecha en paellera. Hice arroz con pollo y costillas de cerdo, al horno. Pero parece paella. Porque me gusta cierto sabor de la paella, pero no todo y me encanta hacer cosas en el horno.
Se vale hacer uno su versión de las cosas que le gustan. Debe aplicar a todo lo que sólo nos afecta a nosotros. Cómo arreglar la casa, qué pastel se hace para los cumpleaños, la paella, la relación con la pareja… esas cosas de todos los días que son los ladrillos con los construimos el mundo que queremos habitar. Cada uno es importante escogerlo para que se adapte a la forma que buscamos. No al revés. Porque ya la vida nos manda el resto de piezas y con ésas no ha opción.
Me gusta encontrar mi propia versión de lo que quiero. No siempre me queda bien. La última focaccia que hice fue un fracaso. Y muchas veces no me queda igual. Pero prefiero eso a conformarme con el gusto de alguien más.
Leo gracias a mi mamá. Ella me metió el vicio de la lectura. Lástima que no me enseñó cómo lo hizo porque no he podido contagiar a mis hijos.
Creo que leer es la maravilla más grande que tiene a su disposición el ser humano. Más que la música y el lenguaje y las exploraciones. Porque lo puede contener todo. Tener un libro en común es tener experiencias conjuntas con extraños. Es mágico.
El último libro que recuerdo haber leído con mi mamá es Seda de Baricco. Una bellecita. Nostálgico y lindo. Corto. Con dolor mezclado entre sus páginas que parecen fáciles. Un poco como mi recuerdo más maduro de la relación con mi mamá. Adecuado último libro.
Sentarse a escuchar es mucho más activo de lo que uno cree. Porque se trata de hacer sólo eso, sin pensar en qué va a responder uno. Y si no me creen que no hacer algo es más difícil que hacerlo, sólo hagan la prueba. El cerebro no se está callado.
La meditación ayuda. La empatía también. Pero lo que me ha hecho a mí sentarme callada, poniendo atención, es el genuino interés por el otro. A veces porque le tengo cariño. Y otras porque me abren el mundo donde viven. Es como leer un libro. Claro que algunos son más interesantes que otros.
Yo tengo gente que me escucha y eso se le agradece a la Vida. Y, a mi vez, espero ser mejor cada día en eso.
Me gusta la gente intensa. La que tiene pasión por la vida y la manifiesta. Sólo deja de gustarme cuando no encuentran el botón para bajarle un poco al volumen. Porque no se puede vivir siempre al tope, todo lo que está tenso permanentemente se rompe.
Los seres humanos estamos hechos para correr distancias cortas, con estallidos de energía y períodos de descanso. No para las maratones. Esas son modas modernas.
Yo misma he tenido que encontrar mi propio botón de bajarle tres rayitas a mi intensidad. No me puedo volcar entera en todo, todo el tiempo. Y ese cuidado me permite meterle hasta el fondo a las cosas que sí valen la pena. Al menos eso espero, porque detesto correr.
No quiero ser como tú
lo siento
vi cómo perdiste la vida
entre la tristeza y el anhelo
no quiero que me traicione el cuerpo
ni necesitar validación donde no la dan
no quiero vivir con dolor
y creo que tú tampoco quisiste
que yo fuera como tú.
De Stephen King confirmé la necesidad de siempre tener un libro a la mano. Desde que leo en digital, eso es aún más literal. Pero he regresado a apreciar el papel y ahora parece que tengo un libro por área. Hasta en el carro.
La escogencia no es fácil. Donde están los niños tiene que ser uno del que me pueda distraer sin problema. Del de arriba es algo más tipo trabajo. El del celular puede ser cualquier cosa. Y el del carro tiene que ser algo que pueda tomar y dejar sin perderme.
El de ahora es acerca de budismo. Creo que es ideal.
Tener cosas en común con gente extraña te da la idea que tienes una vida parecida. En realidad, los lugares comunes sólo sirven para pararse cerca y ver una misma cosa desde ángulos distintos. Nada es igual-idéntico a otra cosa. El ser único es lo más corriente en el universo. Y, si a eso le sumamos que todos percibimos las cosas de forma distinta, ya podemos pensar que nunca nos vamos a entender.
Pero no. Porque aunque la percepción individual varíe, existe una Realidad objetiva que no depende de cómo la veamos. Las matemáticas se calculan siempre igual y los fenómenos naturales no se doblegan a nuestro antojo, aunque eso nos ofenda.
La relatividad sirve mayoritariamente en las interacciones humanas y sólo en forma positiva cuando se usa para entender que el otro tiene un sentir distinto al mío, por mucho que estemos viviendo lo mismo. Nos ayuda a separarnos un poco de nuestra creencia de ser el centro del universo. Somos, en el mejor de los casos, una faceta más del prisma que mira la verdad.
A todos nos gusta que nos vean. De alguna manera creo que estamos hechos para pertenecer, para ser reconocidos, para que nos digan que las cosas están bien. Porque esa es la inclinación primaria con la que nacemos. Todos los niños buscan la mirada de sus padres para ver si están haciendo bien las cosas.
El tener un testigo de nuestra vida le da algún sentido. Es mejor encontrarlo adentro, obvio y por eso uno pasa años y décadas aprendiendo a restarle importancia a los exterior. Quisiera llegar al punto en que no necesite verme en los ojos de alguien más, pero no sé si alguna vez lo pueda hacer.
La sociedad ayuda a tener una especie de espejo, en el mejor de los casos, uno que nos devuelve una mejor imagen de nosotros de lo que pensamos. Me gustaría hacer eso para la gente que quiero.
Terminé de leer una novelita tonta, de esas que me entretenían hace veinte años. Bien hecha para lo que es: entretenimiento fácil. Tal vez la autora no se gane el Premio Planeta, pero de que vende, vende. Porque en todas las categorías hay que ser excelente, aunque el campo sea malo.
Es muy importante entender en qué cancha juega uno y cuáles son las reglas. Se puede llegar a dominar cualquier juego así. Hasta romperlo si se quiere. Pero con honestidad brutal acerca de dónde se está y qué puede hacer. Es cuando la gente pretende poder más de lo que puede, cuando las cosas decepcionan.
Creo que situarse uno en lo que es es el primer paso para ser mejor. Conocer las reglas, el primero para romperlas. Y que ser el peor de la mejor categoría da pie para que lo único que te quede, sea subir.