Tener cosas en común con gente extraña te da la idea que tienes una vida parecida. En realidad, los lugares comunes sólo sirven para pararse cerca y ver una misma cosa desde ángulos distintos. Nada es igual-idéntico a otra cosa. El ser único es lo más corriente en el universo. Y, si a eso le sumamos que todos percibimos las cosas de forma distinta, ya podemos pensar que nunca nos vamos a entender.
Pero no. Porque aunque la percepción individual varíe, existe una Realidad objetiva que no depende de cómo la veamos. Las matemáticas se calculan siempre igual y los fenómenos naturales no se doblegan a nuestro antojo, aunque eso nos ofenda.
La relatividad sirve mayoritariamente en las interacciones humanas y sólo en forma positiva cuando se usa para entender que el otro tiene un sentir distinto al mío, por mucho que estemos viviendo lo mismo. Nos ayuda a separarnos un poco de nuestra creencia de ser el centro del universo. Somos, en el mejor de los casos, una faceta más del prisma que mira la verdad.
