Sentarse a escuchar es mucho más activo de lo que uno cree. Porque se trata de hacer sólo eso, sin pensar en qué va a responder uno. Y si no me creen que no hacer algo es más difícil que hacerlo, sólo hagan la prueba. El cerebro no se está callado.
La meditación ayuda. La empatía también. Pero lo que me ha hecho a mí sentarme callada, poniendo atención, es el genuino interés por el otro. A veces porque le tengo cariño. Y otras porque me abren el mundo donde viven. Es como leer un libro. Claro que algunos son más interesantes que otros.
Yo tengo gente que me escucha y eso se le agradece a la Vida. Y, a mi vez, espero ser mejor cada día en eso.
