«No, ayer no fue Semana Santa. Semana Santa fue en abril.» «No, el calendario dice que fue ayer.» «No, pulguita, no fue ayer.» «Pues sí, tú estás mal, en el colegio me dijeron eso y tú no sabes.»
¿En serio? Toda su vida en la que jamás le hemos dicho ni una mentira, que en la casa no viene Santa, porque no les voy a armar un cuento, en el que se les ha tratado con toda la franqueza que se merecen sus cortos años y me sale con eso? ¡Argh! Y lo peor es no poder contestar como quisiera, porque yo NO tengo cinco años.
Creo que lo que más me cuesta de ser mamá es tener un par de ishtos que respetan la autoridad, pero que la cuestionan. ¿Y quién les habrá enseñado eso?
Siempre pensé que prefería tener problemas de hijos con carácter fuerte. Pues, allí están. Y me gusta. Bueno, no me gusta cuando ni a trancas me cree la ishchoca que ayer, un domigo de julio, no fue Semana Santa. Pero aprecio que ella tenga confianza en lo que sabe y lo que entiende y está dispuesta a defender su postura.
La parte que me seguirá tocar trabajar es esa en la que uno mira la evidencia que sobrepasa la creencia y acepta que debe cambiar de opinión. Primero lo tengo que aprender a hacer yo, pues, pero por lo menos ahora tengo más motivación para hacerlo. Porque de lo contrario, terminaré las dicusiones con un «Pues si quieres seguir equivocadx, no me creas y allí lo dejamos». Invoco mi derecho de no incriminarme si me preguntan si eso hice ayer.
