Vaciar el cerebro

Nunca me había costado tanto meterle contenido nuevo a mi cabeza. No puedo concentrarme para leer, escuchar podcasts se me hace cansado y conversar me aturde. Estoy demasiado llena de mis propias ideas y éstas no están dejando entrar nada más. El problema es que tampoco las estoy pudiendo sacar, ni de palabra, ni por escrito. Es como si tuviera una olla de presión que todavía no ha llegado a la temperatura adecuada.

Puede que sea la edad, esa frontera entre la juventud manifiesta y una madurez más evidente. Todavía con la piel lo suficientemente fresca como para aparentar menos edad, lo vivido ya se me mira alrededor de los ojos. Puede que sea el impasse en el que seguimos con la remodelación de la casa, esa licencia que no nos dan simplemente por fregar y no podemos terminar de construir un segundo nivel y que me deja con las cosas a medias. Puede que sea la rutina de mis días llenos de muchas cosas y pocos momentos de quietud.

Lo cierto es que algo se me está cocinando entre las orejas y no sé todavía cuál vaya a ser el resultado. Lo que tengo por seguro es que debo estar atenta al pitillo que me avise cuando esté listo. No quiero arriesgarme a que se me chamusque la materia gris.

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