Una abeja entre el pelo

Admito que cuando las vi paradas a medio camino, con una carreta llena de cosas tapando el paso, mi primera reacción fue de molestia. No es que yo no pudiera hacerme a un lado y rebasarlas, fue toda la narrativa que brotó en automático dentro de mi mente: “en serio la gente no puede hacerse a un lado para detenerse”.

Y es que todos llevamos un guionista que saca parlamentos y nudos narrativos de su bolsa de disparo rápido. Es el mismo que nos alienta a soltar la primera idea (generalmente impertinente) que se nos ocurre acerca de alguien. Por ese poco amable es que muchas veces nos metemos en problemas.

Abundan los desatados en redes sociales, donde la gente cree que conoce a los demás por lo que postean. Si a veces ni a mis hijos conozco sin preguntarles bien qué les pasa, ¿cómo pretender saber lo que está atravesando un extraño a quien seguro no reconozco en la calle?

La chava tenía una abeja tamaño caricatura enredada en el pelo, la mamá, quien llevaba cargado al bebé de la chava, estaba tratando sin éxito de quitársela. Las ayudé. Callé al impertinente. Y recordé mantenerlo en mute.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.