Todo me duele y está bien

Estoy… sensible desde el jueves. Como si me hubieran arrancado una capita de piel casi imperceptible pero que me deja expuesta. Eso me aumenta lo irritable. Todo me parece un poco más ruidoso, un poco más molesto, un poco más de todo.

Pasamos recibiendo estímulos externos todo el día. Es necesario para nuestra (poca) sanidad mental que no le pongamos atención a todo. Hay estudios que demuestran que ni siquiera nos fijamos en las facciones de la cara de la gente cercana. Parece ser que tenemos una “imagen base” que grabamos al principio de la relación y no la modificamos mucho. Tal vez por eso uno sigue viendo lindo al viejito de al lado. Eso suena lindo.

Pero no lo es. Porque resulta que pasamos por allí sin fijarnos, envueltos en una burbuja de indiferencia que, si bien es cierto nos protege un poco, también nos aísla. Falta airearse un poco, dejar entrar el sol, que se salgan todas las ideas que llevan un poco de moho. Aunque moleste y duela e incomode.

Como yo ahorita. Porque, al lado de la irritación, también me he gozado más el sabor del vino, la melodía de una canción, la belleza de un cuadro. Y la compañía de la gente agradable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.