Desde que estamos arreglando la casa, se me ha caído un pedazo de techo, se entra el agua por las gradas, se van desalineando las puertas, descomponiendo las conexiones eléctricas y otra serie de pequeños desastres domésticos. Lecciones en ironías de la vida que le dicen.
A veces, cuando necesitamos arreglarnos, vamos destapando lugares por donde ya no pasábamos. Porque los habíamos olvidado, porque ya eran parte de nosotros, porque creíamos que no necesitábamos visitar. Y resulta que las cosas que no se tratan en el momento oportuno más cercano, se pudren y se infectan y luego todo lo que se construye encima está inestable.
A todos nos ha pasado que nos lanzan una palabra que va sobre las alas de un tonito sarcástico, pero no decimos nada por no hacer más grande la historia, sólo para sacar el ejemplo días después, pero ya con tiempo acumulado.
Saber qué pedir, arreglar, cortar y cuándo hacerlo. A veces es más fácil atacar las cosas pequeñas que dejar que crezcan. Hay monstruos que, ya hinchados, son difíciles de vencer.
Mi vida necesita arreglos. No sabía cuántos. Seguro que, después de esta experiencia no dejo que pase tanto tiempo sin revisar. Como la casa. Mejor estar sobre lo pequeño en vez de pasar días con un plástico en el techo.
