Tener que tomar decisiones

Llevo ropa escogida el día anterior dos o tres veces por semana para bañarme fuera de mi casa. Me sucede muchas veces que saco ropa con un clima y al día siguiente hay otro. Lo cual me ha hecho salir con varia capas, casi dispuesta a afrontar cualquier temperatura. Pero… confieso que, parada frente a mi ropa, que ni siquiera es mucha, sí me quedo más tiempo del necesario tomando decisiones que no tienen la menor de las relevancias. Como la cantidad de pensamientos desperdiciados en si me corto el pelo o no.

Todas las cosas que escogemos cobran peaje de energía en nuestros cerebros, que no distinguen demasiado entre una cosa pendeja como qué zapatos ponerme, a qué carrera elegir. Se lleva un proceso de análisis de opciones y se trata de agarrar la mejor, siempre sabiendo que hay un margen para equivocarse y sufrir las consecuencias.

Las peores elecciones, además, no son entre una cosa buena y una mala, sino entre dos de igual categoría, pues es allí en donde no tenemos una inclinación clara. Obvio, la consecuencia de elegir mal el vestido es tener frío al día siguiente, no morir de hambre por no saber qué hacer. Pero igual quisiera no tener que tomar ciertas decisiones tontas todos los días, para poder liberarme y tener más energía y poder hacer mejor papel en las importantes.

Tal vez usar lo mismo todos los días no sea mala idea.

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