Tenemos que hablar

De la forma en la que te miras. Cómo te hablas. Las cosas que te dices. Tenemos que ponerle límites a tus críticas, a tu ojo que sólo mira los defectos, a la voz insistente que apunta en dónde hace falta. Hay cosas que debemos tener claras, como que tu verdad no es la única, que hay muchas otras maneras de tratar a la gente cercana y que no todo es malo sólo porque no es como te lo habías imaginado.

Vamos a tener que establecer reglas claras de conducta, para quitarte la aguja con la que constantemente desinflas la felicidad, para bajarle a la agresividad y la ironía, para ponerte en el contexto de todo lo que estás criticando. La relación se nos está agriando y, te cuento, nos queda mucho tiempo por recorrer sin separarnos. Así que, sería mejor que lográramos llevarnos lo mejor posible, apoyarnos mutuamente, sernos de beneficio, hacernos bien.

¿Te recuerdas cuando estábamos felices, nos queríamos, nos hablábamos bonito? Es cierto que no siempre va a estar todo bien, pero no puede ser que todo esté siempre mal. Debe haber algo en medio. Fíjate en lo que sí puedo hacer, en las cosas que me salen mejor que antes, en todo lo que he logrado.

Si no, voy a tener que volver a quitar todos los espejos de la casa, ponerle mordaza a mi voz interior, separarme de mí misma. Y eso es demasiado doloroso. Mejor agarremos la onda.

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