Tamaños intermedios

Quiero cambiarme el pelo. Está en esa etapa intermedia en la que no es ni corto ni largo y sólo se mira despeinado. Me lo corté para donarlo, fue un buen gesto del que he renegado tanto que seguro ya le quité todo el mérito. No hay nada qué hacer para remediarlo, más que esperar.

El verdadero problema de las cosas que se quedan a medias es que uno no sabe qué hacer con ellas. O las corta o las deja que sigan y para mientras sólo puede uno observar hacia dónde van. No siempre es bueno terminarlas, y tampoco puede uno saber si el resultado de la espera va a ser bueno. Tal vez por eso me identifico tanto con lo de «no sean tibios».

Las cosas que no se definen molestan, una canción que no gusta, pero que tampoco quiere uno volver a escuchar. O la gente que no es que sea desagradable, pero que no hace lo suficiente para un lado o el otro como para recordar su nombre.

Pero no todo tiene una definición concreta y las transiciones también son importantes. Hasta las que desesperan, como con el pelo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.