Las celebraciones me agotan. Tener que coordinar varias cosas a la vez, el estrés de la gente que llega, que el celebrado se sienta contento… Por querer que todo salga bien, me termino sintiendo como un hule demasiado tenso, a punto de salir disparado.
Las cosas que se salen de nuestras rutinas nos mueven el orden, nos hacen pensar diferente, nos tensan. Un cumpleaños, un accidente, algo planificado pero no común o algo completamente imprevisto. No se puede prever todo. Y tampoco se puede tener control de todas las consecuencias.
Lo que sí podemos estar seguros es que todo tiene consecuencias. Aunque sólo las sintamos como dolor de espalda o enfermedades del estómago. Y podemos estar aún más seguros que nunca vamos a poder saber qué es todo lo que nos puede suceder.
Hay que aprender a soltar. A hacer lo mejor que se puede y esperar que las consecuencias sean buenas.
No tengo idea cómo. Porque todavía aprieto la mandíbula. Y dejo de dormir. Y me enfermo. Y me trabo de la espalda.
Al menos hoy, voy a tomarme un día libre. Y espero que la consecuencia sea menos arrugas y que se me vaya el dolor de cabeza.
