Ser políglota

Hay personas con habilidades lingüísticas que aprenden idiomas como si estuvieran comiendo chicle. He leído en muchas partes que, antes de los cinco años, el cerebro almacena los idiomas diferentes en distintas partes, pudiendo extraerlos independientemente. Los niños que crecen así, efectivamente tienen varios idiomas «maternos» y no necesitan traducir de un idioma al otro para comunicarse.

Pero la mayoría de nosotros aprende un segundo idioma después de sus cinco años y tiene que partir del que escuchaba a su mamá desde el vientre. Tenemos a los hámsters del cerebro ocupados buscando la palabra que corresponde para traducirla y entenderla. Es una habilidad aprendida, que toma mucho más trabajo que si nos hubieran agarrado desde chiquitos.

Resulta que el cariño también tiene diferentes formas de expresión. Para algunos, una llamada al mediodía puede ser lo máximo de cuidado y para otros, lo peor de interrupción. Una caricia relaja o enerva. Un cariñito verbal es adorable o ridículo. La clave creo que está en aprender a entender el idioma emocional que habla la gente a la que uno le importa. también explicar cómo se expresa uno, para que no lo mal interpreten. Habrá cosas que no se acepten, ciertos apodos, bromas, despliegues públicos de afecto que preferimos evitar por completo. Pero es imposible que las otras personas lo sepan si uno no lo dice.

Es como hablar mandarín en Escocia y pretender que todos nos entiendan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.