Hace poco estábamos hablando de la precaria situación del mundo en general. Pareciera que dentro de muy pocos años, se va a hacer imposible ir a Europa, África queda casi completamente descartada, Norteamérica está en cambios drásticos. Casi sólo queda irse a vivir a Australia. El mundo está lleno de riesgos. En todas partes.
La vida entera es una incógnita, verdaderamente no sabemos qué va a suceder de un momento a otro. Pero tampoco podemos vivir con miedo a lo que pueda suceder. Sobre todo en cuestión de relaciones interpersonales. Es muy difícil contar con la reacción de otra persona.
Muchos se quedan con el miedo a no ser lastimados y por eso prefieren nunca estrechar lazos con nadie.
Sinceramente, entre quedarme intacta, pero sola y echa trizas, pero habiéndome compartido, prefiero lo segundo. No hubiera buscado a mi esposo después de siete años de no hablarnos. No tendríamos dos lindos niños. No tendría amigas. No estuviera cumpliendo 10 años de matrimonio.
La vida entera es un riesgo. No sabemos si el mundo va a estar allí mañana. Tampoco importa.
