Ocupar espacio

Tengo dos niños que gritan como indios mohicanos haciendo la danza de la guerra, dejan zapatos hasta en la cocina, ocupan todas las superficies planas de la casa y hacen sentir su presencia. Las cosas son mucho más calladas, ordenadas, limpias y aburridas cuando no están, por mucho que nunca vaya a admitírselos mientras paso detrás de ellos haciéndolos que recojan su vida.

Yo puedo levantarme de mi escritorio en la oficina y que nadie sepa que yo trabajo allí, me llevo hasta mi computadora.

Recientemente escuché que las mujeres tendemos a hacernos pequeñas, desde nuestra obsesión por perder peso, hasta nuestra preocupación por no ser molestas. Y confieso que tengo que revisar mi vida. Ocupar espacio emocional en la vida de la gente que tengo cerca, no pasar desapercibida para no incordiar, minimizar las cosas que hago bien. Más aún con mis hijos, sobre todo con la niña, que con el carácter que tiene, lo peor que puedo hacer es apagárselo. Encauzarlo sí, urge.

Lejos está mi casa de aparecer en una revista y, aunque sí necesito que no me dejen el reguero por todas partes, que de pronto aparezca un muñeco en la sala no es tragedia. Es la vida que llevamos.

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