No quiero soltar

Soy abogada. Al menos eso estudié. Tengo dos hijos menores de edad. El mayor de 10 años. Y no había hecho testamento. Detestable eso. Ni idea por qué, porque morirme no me molesta. Tal vez dejar a los bichos pequeños sí.

Dejamos cosas desagradables pendientes de hacer. Como si el olvido las fuera a terminar. O a desaparecer. Y no. Las cosas no se van, no se finalizan solas, no nos dejan. Hasta que nosotros mismos las hacemos.

No siempre lo dejamos de hacer por desagrado. A veces lo inconcluso es el último eslabón de algo que se esfuma, como no ponerle lápida a la tumba de mis papás porque no los he terminado se soltar. Somos complejos. Ni siquiera entender las conductas irracionales las elimina. El cerebro sólo nos da el panorama del curso que nos hace tomar el corazón. Supongo que algo es algo.

Hacerse la bestia es reconfortante, igual que meter la cabeza entre las sábanas para esconderse. No soluciona nada, pero se siente como si sí lo hiciera. Hasta que ya no basta y hay que sentarse a escribir con quién se quedarían los niños si no estuviéramos. Espero no tener que hacer la prueba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.