No creo la medida

Necesito medirme. La pesa se arruinó, nunca encuentro el metro y la pinza para sacar el porcentaje de grasa la uso a mi antojo (mi marido se rehúsa a hacerlo seguido). Resulta que no tengo forma objetiva de saber cómo estoy, porque los números que yo me saco no me convencen y lo que yo miro en el espejo no tengo idea que sea cierto.

Hay una línea delgada entre el sentimiento y lo fáctico. Y es que, no importa que tan verdadera sea la realidad, todo lo coloreamos conforme nos hace sentir. Tenemos algo los humanos (no sé si sea defecto o no), que no podemos experimentar nada sin asignarle un valor emocional. Dejemos del lado una comida; nos importa sentimentalmente el color de una nube cuando se pone el sol. Esa capacidad hace que hasta lo más pragmático nos haga sentir sentimientos.

Supongo que todo eso está bien, pero a veces los hechos objetivos informan el color de nuestro día, más que nuestra propia percepción, porque ésta seguro está torcida en algo. Así que necesito una medida que sepa que es constante y a la que le pueda creer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.