No conocer los límites

Algo me enfermó de la panza. Ni idea qué pueda haber sido. Comimos sólo en casa todo el fin de semana, yo preparé todo, no comí en exceso… Y, aún así, hoy mi cuerpo ha protestado todo el día. Dolores, retortijones, molestias… Me sonó el despertador a la hora acostumbrada y pasé buenos cinco segundos pensando si me levantaba o no. Cinco segundos. Por supuesto salí de la cama, me puse el karategui y me fui al dojo.

Superar obstáculos físicos nos fortalece en todos los aspectos. Nos da seguridad en nosotros mismos, nos ayuda a pasar mejor las pruebas sentimentales, hasta nos hace que trabaje mejor el cerebro. Nuestro cuerpo es parte de lo que somos y hay una traición especialmente cruel cuando no quiere hacer lo que le pedimos. Obviamente no se pueden ignorar cosas graves como rompimiento de ligamentos y todas esas cosas que arruinan la funcionalidad esencial de la máquina. Pero siempre se puede trabajar alrededor de los obstáculos.

Saber que no hay fiebre, ni intoxicación, ni huesos rotos, ni frío, ni hueva que nos boten permanentemente, nos amplía los límites de lo que creíamos posible. Y terminamos encontrando el cómo hacer lo que queremos, no el por qué no.

Terminé la clase, regresé a desayunar, corrí 2 millas, ocupé mi tiempo en todas esas charadas que me tocan hacer y, después de almuerzo, me puse a hacer meditación… se supone que es de veinte minutos. Me desperté dos horas después. Aparentemente, mi mente inconsciente puso límites que no hubiera aceptado despierta. También eso pasa a veces.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.