No adelantarse

Las películas casi siempre me cuentan el final desde el principio. Ya sea por la escogencia del actor, o por el clima en la escena, o la música de fondo, pero casi siempre sé qué va a pasar. Eso es malo cuando se trata de una película de suspenso, pero en general trato de suspender mi usual receptividad y me disfruto ir al cine.

A veces me pasa lo mismo en la vida real y me adelanto a los hechos. Es más, esa habilidad para ir varios pasos adelante me ha ayudado en mi profesión pasada y en mi ocupación presente. El problema viene cuando doy el paso en una dirección equivocada. Como hoy, que estoy haciendo cola para cancelar algo que entendí que me iban a cobrar en automático en la tarjeta. Asumí y me equivoqué. Menos mal tiene solución, pero eso no me quita el sentimiento de haber sido tan tonta de equivocarme.

Adelantarse y suponer cosas no siempre es una ventaja. Sobre todo cuando tratamos con otros seres humanos. Hay que procurar que todas las comunicaciones sean completamente claras, que no haya lugar a malinterpretaciones, ambigüedades, o muladas. Y eso no sólo aplica para los negocios, en las relaciones personales es aún más importante saber exactamente en dónde se está parado, porque uno no es adivino.

Al final, el asunto no pasó a más y lo único negativo fue el sentimiento de frustración por mi mulada. La próxima vez mejor voy paso a paso.

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