Nadar

Regresé, por fin, a nadar el sábado. El agua estaba gloriosa, mi resistencia hecha a pura elíptica rabiosa por la necesidad de cansarme me aventó los 750mts y la falta de peso, todo, se conjugaron para que yo no sintiera nada más que la felicidad de estar allí. No pensé en nada, no se me ocurrieron cuentos geniales, no resolví ningún problema. Sólo estuve.

Encuentro pequeños momentos de dejarme ir, los horarios de los niños, los míos, el trabajo, las zanjas que cavo y en las que me meto sola. Tengo el cuerpo lleno de recordatorios acerca de cómo no abrumarme y a veces saber que lo sé, no me ayuda.

El resto del sábado la pasé con la cabeza desconectada por la migraña que me hace escuchar la luz como una pulsación y que me recuerda que seguro tengo dolor, pero que no lo siento. Termino agotada, con ganas de salir corriendo y necesidad de una copa de vino que me va a doler más aún.

Pero nadé y regresaré de nuevo el martes a hacerlo. Tal vez ese día sí se me ocurra algo genial qué escribir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.