En nuestras latitudes, el clima no aburre nunca. Lo mantiene a uno adivinando, preparado para todo. Y, salvo en situaciones catastróficas, no pasa de un poco de lluvia.
Tal vez lo importante es eso, esperar que puede pasar cualquier cosa y hacerle ganas. De mojarse uno no pasa.
Todo sirve de metáfora para la vida. Pero no me quiero poner aún más filosófica. Mejor me preparo para mojarme.
