Hoy fui a comprar la tela de los uniformes de mis hijos. Teníamos desde antes de la pandemia de no hacer uniformes, por razones obvia y es una tarea que casi siempre dejo hasta el último momento posible, porque en esta casa un mes hace la diferencia de por lo menos un centímetro de altura.
Creo que también postergo ese mandado porque es en la misma tienda donde mi papá compraba sus telas. Hay lugares que están olvidados por el tiempo y permanecen iguales durante años. Éste es uno de ellos. Las mismas mesas de madera donde se cortan las telas, mismo olor, mismo método de pago/entrega anticuado. Casi podía sentir a mi papá conmigo.
Tener momentos tan concretos de nostalgia sirve. Aún no estoy completamente segura para qué, pero sirve, aunque sea para buscar en mis recuerdos, los mejores con mi papá. Hay suficientes. No puedo pedirle más a él que eso.
