Los vacíos

Mi mamá decía que a ella seguro la habían consolado con pan y que por eso ella buscaba sentirse bien comiendo. No hay forma más inmediata de disparar químicos reconfortantes con sustancias legales como con la comida. Por algo se les dice a ciertas tapaderas de arterias “confort food”.

Yo me siento mal y dejo de comer. Como si el vacío se alimentara de sí mismo y no me dejara espacio para nada más. Sólo emociones de las que nos dejan en la cama y pesan.

Todos tenemos vacíos. Nos hace falta alguien, tenemos un trabajo insatisfactorio, quedamos cortos para lograr algo que queríamos. Hay una atracción inmensa en quedarse rellenando esos agujeros, agarramos nuestras palas emocionales y nos bachamos, porque no soportamos esa sensación de falta.

El inconveniente es que hay agujeros que simplemente no se tapan. Son como pozos de agua que a veces están llenos y otras no. Y es mejor aprender a vivir con nuestras faltas y avanzar con ellas, que quedarnos varados en el camino, neceando por conseguir una plenitud perfecta. La perfección no existe y la plenitud sólo es parcial. Creo que estaremos completamente satisfechos cuando ya no querramos nada, lo cual, en mi caso, seguro vendrá después de la muerte.

Superar nuestros vacíos, construirnos puentes para superar los que definitivamente no podemos llenar y continuar. Sería mi meta. Al menos agradezco que a mí no me hayan consolado con pan, porque el relleno de los hoyos sería yo.

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