Los golpes ocultos

Tengo un mega pencazo en la pierna. Enorme. Peor que morete del karate. No tengo ni la más peregrina idea de cómo me lo hice. En el registro no quedó grabado dolor. Debería haber dolido. Y mucho. Pero no. Duele ahora que miro que me lo hice.

Esa mezcla en la vida de cosas buenas y malas que nos hace no sentirnos vivos si no sentimos algo, también abarca pequeñas cosas que no dimensionamos en su momento pero que luego florecen como hematomas debajo de la piel.

Una conversación en la que soltamos una observación sin mayor significado y cayó como piedra desde un rascacielos. Faltar a una cita. Fallar en una promesa.

A veces las cosas que no se sienten en el momento, con el tiempo son grandes y lastiman. O nosotros mismos tomamos pequeñas malas decisiones que nos llevan por un camino que no queremos y que nos damos cuenta hasta que cuesta mucho corregir el rumbo.

La vida no es sólo dolor. Aunque sea un valle de lágrimas, algunas son también de felicidad. Y tal vez vale más la pena fijarse en la pequeña molestia del momento y no querer hacerse uno el valiente. Porque es más fácil corregir las cosas en el momento, mientras están frescas y aún son pequeñas, a esperar que se pudran por dentro.

Ya es muy tarde para echarme árnica, porque el moretón ya está allí. Para mi peor suerte, hay calor y ando en shorts y no puedo decir qué me pasó porque no lo sé.

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